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Revista
DOCUMENTOS |
Junio
2005
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ISSN
2013-1216
FUNDRAISING.
SÓLO APTO PARA ALGUNAS O.N.L.
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Manuel
Palencia-Lefler Ors
Doctor
en Publicidad y Relaciones Públicas por la Universidad Autónoma de Barcelona
Consultor especialista en fundraising.
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Desde hace más de 50 años, los expertos del sector
voluntario promueven y aconsejan que las Organizaciones No Lucrativas (ONL)
cuenten con una gran diversidad de fondos de financiación para llevar a cabo
sus objetivos. Ellas, por su parte, asumen el consejo de manera diferente según
su procedencia geográfica. Mientras que la reacción de la mayoría de ONL
españolas y sud-europeas es alejarse del fundraising y acercarse a la
estabilidad de la subvención anual y a la venta de servicios propios, los
países anglosajones prefieren seguir alternando las fuentes públicas habituales
con el examen continuo y diario de acercarse a los donantes para revalidar su
confianza y el sentido mismo de su misión. ¿Por qué esas diferencias?. La forma
en que se configura el “tercer sector” en cada país es un reflejo del modelo
social dominante –grado de democracia, nivel de participación económica de
individuos y empresas en la economía social, entre otros factores–. Este modelo
dominante es el que determina las desigualdades existentes, hoy por hoy, en el
desarrollo del “tercer sector” entre países.
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Algunos
expertos se plantean la necesidad de que las ONL dependan económicamente de
aportaciones voluntarias para recibir el calificativo de instituciones del
“tercer sector”. Pero entonces, ¿cómo debería conceptuarse una ONL que obtiene
exclusivamente sus ingresos de la venta de servicios?
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¿ ONL
=
EMPRESA ? |
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Por múltiples razones, algunas ONL consideran a todos
los miembros de su comunidad de base como posibles sujetos donantes, ante los
cuales hay que rendir cuentas en todo momento. No únicamente se les solicita,
de tanto en tanto, un donativo.
Se les pide, constantemente, que aprueben la
misión de la ONL. En
cambio, otras muchas ONL nacen y se desarrollan a espaldas de gran parte de la
sociedad (con fondos públicos, con fondos personales, con la venta de productos
o servicios, entre otras formas).
Sus promotores o fundadores creen que
resolviendo el problema social, humanitario, educativo o cultural –razón por la
cual nacieron– ya cuentan con el respaldo de la sociedad.
Y puede que no sea
así. No hay duda que ambos
modelos están yuxtapuestos. Aunque nadie pone en tela de juicio ninguno de los
dos, bien es verdad que la autoridad moral necesaria para solicitar una ayuda
la tiene, únicamente, aquel que se interroga constantemente por su misión, y
pide la aprobación continua a sus públicos externos.
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Fundraising. ¿Qué es?.
Henry
A. Rosso, uno de los grandes especialistas norteamericanos en el ámbito de la captación
de recursos, recientemente fallecido, afirmaba que el fundraising no es
una acción impulsiva y fortuita, improvisada en el último momento para
responder a una crisis (obtener fondos para una necesidad). Es un ejercicio
disciplinado que permite a las ONL bien organizadas responder a oportunidades
inesperadas y obtener donativos.
En cuanto a definir la
disciplina del fundraising es necesario precisar que no hay consenso ni
entre los académicos ni entre los prácticos de la profesión. Una primera aproximación
al concepto permite afirmar que es el proceso de resolución de solicitar y
aceptar regalos económicos de individuos, empresas y fundaciones para
organizaciones sin ánimo de lucro, especialmente las gestionadas por
especialistas en fundraising. Así, la oportunidad que ofrece haber
conseguido una donación obliga a la organización receptora a establecer un
vinculo con el donante, tratando de renovar el donativo y fidelizarlo como
futuro donante para la causa.
Las
definiciones de fundraising más avanzadas son, sin duda alguna, las de
los norteamericanos Grunig –gestión de interdependencias entre la ONL y sus públicos donantes–,
y Kelly –gestión de las relaciones ambientales de búsqueda de fondos que
contribuye a la efectiva organización, aumentando y protegiendo su autonomía–.
Aunque ambas son tremendamente académicas, son las más rigurosas que puede
ofrecer actualmente la disciplina.
De
la misma forma, la definición de fund raiser se traduciría como la del
máximo responsable de la interacción y negociación entre la ONL y sus donantes, cuya
responsabilidad y buen hacer determina el grado de autonomía que puede llegar a
ganar o perder la ONL
cuando acepta donaciones.
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Las
posibilidades de éxito de un programa de fundraising
La ONL que toma la
decisión de pedir dinero para llevar a cabo un programa de fundraising
únicamente estará capacitada para hacerlo en la medida que tenga una causa que
responda a las necesidades sociales del momento, y su misión sea asumible por
los posibles donantes como una gestión subsidiaria de sus intereses. Pero
es evidente que la validez de una causa está relacionada con su capacidad de
resolver problemas, es decir, la causa ha de expresar los motivos por los
cuales una persona ha de contribuir y ha de estar relacionada con los
intereses, lealtades o preferencias personales de su universo de donantes. La organización podrá, así, presentarse ante
sus posibles donantes con unos objetivos claros del por qué quiere su dinero.
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Puede afirmarse, por ello, que la
causa es más importante que las necesidades de la organización, y para
conseguir la máxima eficacia en la captación de fondos, la causa se ha de
articular correctamente, con una metodología adecuada y unas expresiones
adecuadas.
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CAUSA |
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Las técnicas profesionales de captación de recursos
En
cuanto a las técnicas específicas del fundraising, no hay consenso a la
hora de clasificarlas ni de concretar una tipología específica. Existe una
publicación norteamericana que expone más de 900.000 experiencias practicadas en
los últimos 100 años en el terreno de la captación de recursos. Es evidente
que, aunque muchos lo afirmen, las técnicas del fundraising
no son ilimitadas, no corren paralelas a la imaginación humana. Todas ellas
pueden y deben agruparse según criterios científicos que permitan su estudio y
clasificación. Así, pueden concentrarse en no más de 20 técnicas expertas,
agrupadas según los públicos donantes de la organización y las dinámicas
diversas en las que puede desenvolverse una relación de este tipo.
Por lo que respecta a la
mayoría de entidades y organizaciones del sector no lucrativo español, es
cierto que realizan y ejecutan dinámicas y actuaciones mediante las cuales
recaudan fondos. Y lo hacen sin un exceso de teoría que sustente la actuación
realizada. El éxito recaudatorio es el único elemento significativo de su
trabajo. ¿Se trata, pues, de las actuaciones expertas antes mencionadas, de fundraising?.
Es evidente que sí, pero el desconocimiento del practicum de la
profesión en otras latitudes y culturas no las exime de ver reducidas sus
posibilidades recaudatorias al 50% y, sobre todo, ver reducida su capacidad
comunicativa en relación a sus públicos, donantes y no donantes.
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Fundraising, ¿una profesión?
La
realidad indica que, como mínimo en una parte del mundo, hay expertos y
programas educativos específicos; que hay una importante bibliografía que
explica cómo captar fondos en múltiples contextos; que existen leyes y códigos
éticos que regulan la profesión. En definitiva, la peculiaridad de los
programas educativos y actuaciones profesionales del fundraising indican
que es una actividad profesional digna de estudio, reconocimiento y solvencia.
Claro está que para que exista una profesión
hace falta que la sociedad necesite de sus servicios. Por
ello, la consideración del fundraising como una profesión en los países
de la órbita del derecho común y en aquellos que sufren un intervensionismo
político importante, tiene aun un largo trecho por recorrer.
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En aquellas comunidades sociales en las que la captación de recursos
no se ha profesionalizado, en las que se improvisa de manera generalizada –dado
su espíritu autodidacta– las dificultades de penetración del fundraising
son importantes.
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FUNDRAISING
≠
MARKETING |
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El fundraising
en España
El sistema de captación de
recursos predominante y con mayor tradición en España es el de la “agenda de
contactos”, es decir, aquel que desarrollan determinadas personas con buenos
contactos con la administración pública y el mundo empresarial. De esta forma,
el know-how del sistema está personalizado en un sujeto con buena agenda
social, pero al mismo tiempo la
ONL queda limitada al no contar con un sistema profesional de
captación de recursos que le permita proyectar con libertad el futuro de la
entidad.
Cualquier
cambio en esta línea dependerá de muchas cosas, como por ejemplo, del enfoque
que se le quiera dar al sector voluntario español. ¿Qué tipo de ONL se pretende
potenciar?: ¿la ONL
con una gran base de socios, amigos y simpatizantes, unidos por una causa
específica y que pretende generar cambio social?. O por el contrario,
¿organizaciones operativas que resuelven situaciones concretas, de manera
alternativa a la administración pública y a la empresa, pero que no sienten la
necesidad de implicar a la comunidad en su proyecto?. Actualmente, la tendencia
es clara. Salvo algunas grandes fundaciones y asociaciones humanitarias, el
resto de ONL españolas están en la segunda opción.
Si la mayoría de ONL
españolas obtienen buena parte de sus recursos económicos a través de
decisiones políticas, es decir, a través de presupuestos públicos o
presupuestos de una empresa, ¿por qué iban a sentir un interés especial en el fundraising
profesional?. Algunas de ellas, además, intentan, de tanto en tanto, solicitar
masivamente ayuda a miles de personas mediante técnicas de marketing. Visto los
resultados poco significativos, se rinden enseguida y acusan a los políticos de
falta de incentivos fiscales, y al país de falta de generosidad.
En
cuanto a la falta de incentivos fiscales para la donación –y entendiendo que
aun existe margen de mejora– debe afirmarse que la legislación fiscal española
es de las más avanzadas del mundo, y según todos los indicios, mejorará
sustancialmente en poco tiempo.
En cuanto a la falta de
generosidad, puede afirmarse que no existen estudios sociológicos serios sobre
el perfil contributivo del ciudadano de las distintas CC.AA. españolas. Por un
lado, sí que es verdad que el factor determinante de la filantropía en
cualquier país no se concreta en términos de ciudadanos voluntarios o numero de
ONL –que en eso, España va muy bien–. El factor determinante es la generosidad
de la donación individual pecuniaria. Y en eso, España no va demasiado bien.
Pero por otro lado, la generosidad demostrada en algunos momentos por miles de
donantes anónimos ante una causa social, científica, médica, cultural o
humanitaria, bien expuesta y comunicada adecuadamente, indica que la afirmación
de que los españoles no son generosos es gratuita. De todas maneras, la realidad
de una España generosa ante las llamadas puntuales y de emergencia pero que no
se vincula de manera estable con la solidaridad, debería dejar paso
progresivamente a una solidaridad de carácter continuo, que forme parte de la
esfera familiar y profesional del individuo. ¿Cuándo y quién promoverá este
cambio?. Desde luego, el cambio no va a venir impulsado por las leyes. El
cambio tendrá un carácter íntimo. Y ese cambio de actitud personal será
efectivo cuando, a su vez, el individuo reciba de las ONL un nuevo estilo de
comunicación.
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Tendencias
de futuro
En
los últimos años se ha producido un aumento considerable de donaciones de
particulares en todo el mundo, a todo tipo de causas caritativas, sociales y
culturales, a las más consolidadas y a las de reciente creación. El donante de
los últimos años diversifica su contribución en un número más importante de
organizaciones. Esta tendencia, que se inicia en los EUA a partir de 1995, ha hecho posible que
en algunos hogares norteamericanos se hagan contribuciones a más de 20 ONL
diferentes a la vez, en pequeñas cantidades, tomando las decisiones a nivel
familiar, considerando este proceso como algo importante.
Expertos
mundiales aseguran que, en la mayoría de escenarios futuros, el incremento de
las contribuciones de los donantes está asegurado. Aunque la gente diversifique
su aportación al mundo filantrópico, las organizaciones se verán compensadas
por una participación colectiva mayor. Existen voces contrarias que argumentan
que una excesiva diversificación puede hacer que las donaciones pierdan
eficacia, rallando la irracionalidad.
Por otra parte, se hace
difícil medir la cantidad de dinero que se mueve en el sector no lucrativo en
los últimos años, en parte porque las organizaciones que lo componen son una
mezcla de organizaciones no lucrativas y empresas lucrativas que las sirven.
Hay que ser conscientes de que, todo esto, el ciudadano de a pie no lo
entiende. ¿Por qué una ONL ha de crear empresas satélites –y en ocasiones
dirigidas por amigos y familiares– para poder llevar a cabo su misión?. ¿No
sería más fácil que cada cual hiciera su papel, tratando de que las empresas
autóctonas hicieran su trabajo?. Algunas ONL se han llevado la gran sorpresa al
comprobar el grado de responsabilidad social de muchas empresas a las cuales se
les ha solicitado la colaboración profesional en una misión. Y la empresa se ha
sentido útil y ha respondido con eficacia, e incluso, en ocasiones, con
solidaridad.
Y
en el ámbito de la gestión de ONL, se constata que los actuales líderes de ONL
buscan nuevas oportunidades de captación de fondos en el campo comercial –más
ligado al mundo del marketing– abandonando las técnicas habituales de fundraising.
Parece que algunas causas se pueden resolver más positivamente, de manera
indirecta, por una vía lucrativa.
Los niveles de
autoexigencia en la gestión de ONL han llegado lejos, en el sentido que
comienza a ser una máxima, no un objetivo, el hecho de no crear dependencias
entre la organización y los donantes. La excesiva dependencia con el donante se
considera un signo de debilidad y vulnerabilidad. Algunos de estos nuevos
gestores proclaman ya el “self-funding”. Y esta generalización está
aumentando hasta el punto que muchas ONL que aun no están utilizando vías
comerciales ven como pierden espacio vital.
Es cierto que ambas maneras de funcionar resuelven la causa caritativa,
objetivo de la organización, pero las diferencias son significativas.
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Lo
más dramático es el hecho que muchas ONL comercializan el
núcleo de los progrmaas de sus misiones. Buscan contratos,
subvenciones, patrocinios, honorarios y "precios venta al
público" antes que donaciones, participaciones, ayudas o becas.
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¿ ONL ? |
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Ante estos hechos, los
líderes del sector no lucrativo tendrán que decidir en que situaciones es
necesario segregar las actividades comerciales de las operaciones filantrópicas
para evitar fricciones entre las dos culturas. Y si se sienten más cómodos en
la esfera mercantil, no tienen que tener miedo a disolverse y formar una
sociedad mercantil. Ganarán coherencia, competitividad y credibilidad social.
Las empresas lucrativas también sirven, con gran competencia, al sector no
lucrativo.
Mientras que las ONL no
sean capaces de comunicar adecuadamente a todos sus públicos los resultados de su
gestión y los diferentes procesos que los hacen diferentes a las entidades
públicas y privadas, no encontraran la respuesta de los ciudadanos a sus
demandas, sobre todo a las demandas de ayuda económica. Muchas ONL se
preguntarán cómo iniciar un cambio de tendencia en este sentido, un cambio de
rumbo en su propia organización. Que se lo pregunten a sus vecinos, a sus
voluntarios, a su comunidad local y a sus conciudadanos –del Norte y del Sur–.
Ellos le darán la respuesta.
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